Padres y educadores podemos ayudar a establecer las bases de la autoestima:
Devolviéndole una imagen positiva y realista de sí mismo, sin inflar, ni exagerar ningún aspecto, aceptándole.
Motivándole a afrontar lo que le rodea con curiosidad e interés. Creando un clima de descubrimiento agradable y positivo.
Reforzándole en sus logros. No recalcando sus fracasos.Lo que ha hecho mal no se lo podemos presentar como algo que está bien, pero podemos relativizar su fallo.
Dándole la oportunidad de que se enfrente a los conflictos y ponga en juego sus habilidades para resolverlos autónomamente.
Criticar sus conductas, nunca a su persona. Cuando tengamos que limitar su acción, podremos explicarle lo que ha hecho mal, pero diferenciándolo claramente de lo que es su persona. Es decir, podemos expresarle: “Eso está mal”, no le diremos: “Eres un desastre”, “Eres tonto”, etc...
Asegurarle nuestro cariño y afecto incondicional, independientemente de sus logros y comportamiento. El niño necesita sentirse seguro y querido por sí mismo.
Facilitar al niño una salida “airosa” del conflicto. Cuando a un niño se le niega algo que quiere, o se le impide que lleve a cabo una acción determinada, es conveniente ofrecerle y ayudarle a tomar una opción alternativa e incompatible con la anterior y que sea adecuada. Una salida airosa para él, respetando la norma.
Permitirle la expresión de sus sentimientos. En un ambiente afectivo adecuado las emociones irán madurando positivamente.
“Esto supone el mirar a los niños con respeto y cariño, con una visión que no esté nublada por los propios temores y expectativas, siendo capaces de reconocer sus capacidades, de reforzarlos y ayudarles a reconocer qué es lo que hay de especial en cada uno de ellos”.
Carmen Berned Sabater
Orientadora |